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Desaparecida

En este casi mediodía de un día de junio cuando el frío cala mis huesos te imagino. Pienso en el día de tu secuestro, aquel mayo de 1977, y me pregunto una y mil veces si ese día llevabas o no abrigo. Esta estación me llena de nostalgia y no puedo entender tantas cosas como ser, ¿dónde están tus restos? ¿Por qué en tu casa no hay una placa que recuerde que de allí fuiste secuestrada? ¿Por qué en lugar de dictadura se dice proceso (será porque tuvo un ciclo en cada secuestrado: apropiación, tortura y muerte)? ¿Por qué a las torturas la llaman apremios ilegales?; la última y más dolorosa, ¿Estabas en la lista del escuadrón de la muerte? Cuánto te habrá costado entender, en el centro de detención clandestina, que sesión era tortura, que visita era llegada de nuevos prisioneros al lugar de tu cautiverio, y sobre todo que la palabra “traslado” era final, o sea la más temida de todas. Tus ayes, Yolanda, me duelen en el alma y puedo reconocerme en tu mirada. SARA ARGÜELLO JUJUY-ARGENTINA